Archivos Mensuales: enero 2012

Enseñar hoy a vivir mañana

 El profesorado tiene una de las tareas sociales más importantes: formar a las generaciones protagonistas de nuestro futuro. No es un deber fácil: pierden la confianza de los padres y cada vez deben enfrentarse a más problemas y complicaciones. Sin embargo, la mayoría de ellos no abandonan la vocación que les ha llevado a donde están: dos maestras y dos profesores cuentan su día a día entre las paredes de dos colegios católicos en la provincia de Granada y explican cómo la principal diferencia de estas instituciones es el espíritu que impregna el centro. 

Cuando cada mañana llega al colegio, poco le importan las ‘medidas’ que hayan tomado los políticos de turno. Ellos y los famosos teóricos de la educación, todos aquellos que no han pisado un colegio desde sus ‘años mozos’ pero que, aún así, ordenan qué deben hacer los que se empeñan cada día en formar a las pequeñas generaciones de futuras grandes personas.

Es raro el día que Ana Rodríguez, maestra de 3º de Educación Infantil (niños de cinco años) no se ‘pelea’ con ‘Pepa’, su directora. Realmente son buenas amigas, pero cada vez que viene, ella se echa a temblar. El otro día, no tuvo más remedio que decirle que no podía perder toda la clase en pelarles las manzanas que habían mandado desde el Ayuntamiento para que les enseñen a comer sano: “¿No comen en su casa? Esa responsabilidad debe ser de sus padres”. Y es que últimamente se empeñan en que en el centro escolar se les enseñe de todo, desde educación vial hasta las letras, pasando por todo aquello que haya aparecido en la cabeza de quien esté en ese momento en el cargo: “al colegio le están echando encima todas las cargas sociales que hay”, se lamenta de vez en cuando.

El Colegio de La Presentación celebró en 2002 su centenario en Guadix. Las monjas de la congregación han recibido multitud de premios por su labor a la comunidad

Pocos cambios ha habido desde que ella empezó a trabajar, hace ya más de veinte años, es quizá por eso por lo que las ‘medidas’ políticas en educación no acaban de importarle demasiado. Recuerda cómo, allá por el año noventa y dos, desde el gobierno se aconsejaba no enseñar a los niños de infantil (o preescolar, por aquel entonces) a leer. “Fue un error y una tontería”, se lamenta; y es que ella y sus años de experiencia saben que un niño está capacitado para aprender a leer antes incluso de los cinco años: “me parece una barbaridad que coja la propia ley y te diga que no”. Sus clases son metódicas, cada día comienza reuniendo a sus niños en Asamblea: se sientan en el suelo y rezan. A Ana le gusta rezar cada mañana, y le gusta poder hacerlo porque trabaja en un colegio concertado, en La Presentación de Guadix (Granada). Después de los rezos, comienza la clase. Normalmente inglés es lo primero que dan, se saludan, dicen el día que hace y cantan en el idioma anglosajón; todo esto, con muchos, muchos gestos que consiguen que aprender sea divertido.

El bilingüismo

Ana tuvo que estudiar inglés rápidamente, de repente todos los colegios eran bilingües y La Presentación, como el resto, tuvo que entrar “en el saco” y empezar a dar clases en inglés, “son cosas que se piensan en despachos con aire acondicionado”. Y no es la única profesora que piensa algo así. Para ella, aprender idiomas está muy bien, pero es muy difícil que un profesor de secundaria que no ha estudiado inglés nunca, sea capaz de conseguir dar una clase de física o biología en la lengua del Reino Unido. Pero todos lo hacen, o al menos lo intentan, y ellos no pueden ser menos. Afortunadamente, Ana siente que el conocimiento nunca está de más, y sabe que llegará sin problemas al nivel de sus niños, aunque duda que otros de sus compañeros de cursos superiores lo logren.

La autonomía personal también se enseña en los primeros años de escolarización, lo que conlleva ‘batallas campales’ con algunos padres, que se empeñan, por ejemplo, en quitarles ellos el abrigo. Puede ser una ‘tontería’, pero los niños deben aprender a ir valiéndose por ellos mismos. ¿Padres sobreprotectores? “los ha habido toda la vida”, la principal diferencia es que ahora estos padres confían mucho menos en los maestros de sus hijos y “se creen que lo saben todo”. Sin embargo, “hay gente que es más tonta que otra y eso ha pasado siempre”, quizá estos padres no se dan cuenta de lo que perjudican a sus hijos cuando van con ellos de la mano a regañar a la Seño, pero eso es algo contra lo que Ana poco puede hacer.

Una compañera inseparable desde hace pocos años es su libreta de apuntes, fruto del Plan de Calidad en el que también están inmersos. En ella, además de llevar la planificación de todo el curso, tiene ciertas notas de relevancia. Por ejemplo, anota la fecha de nacimiento de cada uno de sus niños. El 31 de diciembre del pasado año, Elisa Silió firmaba un reportaje en el diario EL PAÍS  sobre la importancia que tiene en las notas la fecha en la que nacieron los alumnos. Ana no ha necesitado nunca ningún estudio científico para darse cuenta de que un niño que nació en diciembre no es igual que otro que nació en febrero: “a veces no se nota, pero en otras ocasiones notas algo a los niños, miras la fecha de nacimiento y te das cuenta de que es normal porque es más chico” comenta con total naturalidad.

Mucho más por aprender

Además de las clases y la formación curricular, en La Presentación se pretende enseñar mucho más: es un colegio religioso y así se toman el día a día. A parte de trabajar los diferentes tiempos del calendario católico, en el colegio celebran fiestas: la ‘Niña María’ (el 21 de Noviembre), los teatros navideños o la ‘Fiesta Rociera’ de final de curso son algunos de los momentos más alegres y llenos de vida de este colegio, que celebró su centenario en el 2002.

Esa alegría y espíritu es quizá una de las principales diferencias entre un colegio concertado y uno público. En el resto de asuntos académicos se rigen por las mismas normas que se imponen desde la Junta de Andalucía, y ahí hay pocas variaciones posibles. Incluso a la hora de aceptar alumnado, ningún colegio puede rechazar a un estudiante que haya entrado, pues todos siguen los mismos baremos.

El colegio San Juan Bosco, de los Salesianos de Granada, también destaca por su espíritu de alegría. El ideario de su fundador, “estad siempre alegres”, permanece a diario entre las paredes del centro educativo y el llamado ‘espíritu salesiano’ renace en muchos de sus profesores.

Este colegio estuvo ubicado en el barrio del Triunfo desde 1946 pero, siguiendo la estela de su fundador, San Juan Bosco, que siempre había trabajado con los más desfavorecidos, se marchó en 1977 al barrio del Zaidín, mucho más pobre. Maite Galán sabe bien la historia del centro, pues su padre ya fue maestro en esta escuela y desde pequeña ha “mamado” lo que significa ser salesiana.

La vocación

La suerte la acompañó al acabar la carrera, cuando hizo las prácticas en el colegio y consiguió quedarse en él. De eso hace ya más de veinticuatro años, aunque cualquiera lo diría cuando se mira la ilusión con la que cada mañana llega a trabajar, se pone su bata y se convierte en la Seño Maite, un ejemplo más del llamado espíritu salesiano y la verdadera vocación: “Sin vocación no lo consigues, puedes arruinar la vida de los niños”, afirma convencida.

Maite podría tirarse horas contando anécdotas, es una persona alegre de las que saludan por los pasillos a todo el mundo, incluso cuando no les conoce. Además, tantos años en primaria le han enseñado mucho y no se esconde cuando tiene que decir cómo ve las cosas. Para ella, uno de los principales problemas de nuestro sistema y de las famosas malas notas del Informe PISA no es que no se invierta, es que se invierte mal: los portátiles que la Junta ha regalado, por ejemplo, llevan años guardados en las casas de cada niño, porque “no se ha invertido en formar a los profesores para saber utilizarnos ni en dotar a los centros de técnicas útiles para ellos”. Además, haber dotado a los colegios de buenos ordenadores habría resultado mucho más barato que regalar portátiles al alumnado. Un gasto que podría haber ido a otros asuntos mucho más útiles, como las figuras de los orientadores, saturados por tener pocas horas y muchísimos alumnos (los salesianos cuentan con más de 1200 alumnos y un solo orientador). Y es que si no se invierte en aspectos provechosos, “la inversión no sirve para nada”, sentencia.

El ‘cheque-libro’ ha tenido menos críticas que los portátiles, pero Maite tiene su propia opinión. Aunque nunca dirá que es una mala inversión, sí es cierto que este año sus niños están utilizando libros que tienen ya cuatro años y, como es lógico, “están destrozados”. Por no hablar de que no pueden ni escribir ni subrayar en ellos, lo que conlleva que no se les enseñan técnicas de estudio básicas.

El alumnado

Hablar en términos genéricos de la educación es difícil, cada persona es diferente a quien tiene al lado y cada curso tiene unas necesidades dispares a los demás. Concretamente, este año Maite se encarga de enseñar las materias ‘instrumentales’ (Matemáticas, Lengua y Conocimiento del Medio) a niños de tercero de primaria y se ha encontrado con un alumnado muy desigual.

Juan (pseudónimo) tiene déficit de atención y es hiperactivo; es uno de los tres alumnos de integración que este año tiene la Seño Maite, además de dos que están ‘en estudio’. Él no necesita ir a otra clase como sus otros dos compañeros, pero sí es cierto que a veces “se sube por las paredes”. Lo pasa especialmente mal durante los exámenes: es un niño al que le cuesta muchísimo estar una hora sentado y más si tiene que estar concentrado frente a un papel. La solución es tan sencilla como difícil: adaptarse a él.

Maite le divide el examen en partes: Juan comienza haciendo unos ejercicios, cuando ella observa que empieza a ponerse nervioso, se lo quita y le pone a hacer otra cosa, después se lo vuelve a dar y así hasta que termina. Puede ser que tarde una semana en completar el examen, pero así se asegura que el niño lo hace: “yo me amoldo a él”, algo que puede llevar a cabo gracias a que su problema está diagnosticado. Sin embargo, es consciente de que este procedimiento, que ella dice que lo hace “por ética”, sus futuros compañeros no lo podrán llevar a cabo: “me da pena porque es muy inteligente, pero este niño está predeterminado a un ciclo formativo o un PCPI”. Ante esta situación, ella no puede más que comentar a sus camaradas cómo es el alumno y lo que está haciendo con él, pero luego “cada uno hace lo que quiere”.

Juan y sus compañeros de clase no son los únicos estudiantes con necesidades especiales que hay en Salesianos. Al adentrarse en cursos superiores, sobre todo hablando de los ciclos formativos, es fácil encontrarse con otros muchos que tienen problemas con las drogas o, incluso, con la policía. Con este alumnado ‘problemático’, los salesianos tienen su propia forma de actuar: el Método Preventivo. Es simple, consiste en adelantarse al problema, evitar que surja, incluso cuando es muy difícil de conseguir, “aquí trabajamos en esa línea”. Son las palabras de Fernando López, compañero de Maite desde hace quince años y profesor en secundaria.

La principal afición de Fernando es el teatro; gracias a él consiguió entrar en el colegio y crear el Grupo Teatral Salesiano “La Aldaba”, del que es director. A través de las artes escénicas, este profesor enseña no solo al alumnado de salesianos, sino también a otras muchas personas de fuera, la importancia que puede llegar a tener el teatro para la realización personal y mover conciencias. Eso mismo pretende hacer con la filosofía, que la imparte en 1º y 2º de bachillerato: “me gusta innovar y quiero que se sientan satisfechos”. Una clase de filosofía de Fernando poco tiene que ver con lo que podría esperarse: le gustan los juegos de palabras y continuamente sorprende a sus estudiantes con extrañas expresiones que no dejan indiferente a nadie. Aunque no todo es así, en 2º de bachillerato la innovación es complicada: “no seamos falsos, hay que cumplir unos objetivos porque al final, si el alumno quiere triunfar, necesita superar Selectividad y yo tengo que tenerlo en cuenta”.

Un profesor no puede dejar de lado lo que necesitan sus estudiantes, no puede olvidar que ellos dependen, en gran medida, de él. Fernando describe lo que debería ser un educador: su vocación y su profesionalidad son imprescindibles en un trabajo tan importante y a su vez tan poco valorado: “un profesor debe aprender a triunfar cuando sus alumnos triunfan”. Pero le gusta recordar que para él que un alumno triunfe no es que saque matrícula de honor, “hay muchas escalas para considerar a un alumno triunfador y por tanto, para considerarte partícipe de ese éxito”. Lo primordial es que un profesor esté convencido de que lo que hace “es lo más importante del mundo” y lo demás da igual.

Unas 11 asignaturas son muchas, pero todos coinciden en que los alumnos pueden con ellas

Pero no siempre todo lo demás puede dar igual. El trabajo de este profesor, y el de cualquiera, depende en gran medida de lo que decidan “los de arriba”. Para Fernando este es uno de los problemas del sistema: “es un problema radical. Deben preguntarles a los que estamos implicados en el proceso educativo”.

O, al menos, informarles. El nuevo ‘Bachillerato de tres años’ propuesto por el Gobierno entrante provoca más dudas que respuestas. Quizá sea pronto, pero no se sabe si esta reforma implicará también un cambio en los cursos anteriores o si se tendrá en cuenta la opinión de los profesores: “Si no es así me temo que asistiremos a otra más de las reformas que no parten del diálogo social previo”. Éstas y otras muchas preguntas, no solo de Fernando, sino de todos sus camaradas, aún esperan una respuesta que no saben cuándo llegará. De momento, solo esperan que sea “algo más que un titular” y que lleve consigo “un apoyo económico suficiente”
La sociedad demanda una serie de cuestiones y la educación no forma al individuo para responder a necesidades de esta nueva sociedad, es por esto que las Nuevas Tecnologías (NTIC) se están convirtiendo en un gran instrumento académico, y eso lo sabe bien este profesor: hace ya casi tres años fundó Filosofiesta, una red social cuyo lema es “Hacia la filosofía desde la diversión y hacia la diversión desde la filosofía”. En esta red, que son varias a la vez, interactúa con sus alumnos por medio de preguntas filosóficas, cartas, fotografías y otros muchos proyectos que llevan a cabo no solo ellos, sino ya personas de todo el mundo que han ido entrando poco a poco. Su objetivo es “provocar que el individuo sea capaz de tomar conciencia de lo que le rodea y se convierta en alguien capaz de enfrentarse a lo que no le gusta para cambiarlo” y, aunque reconoce que no sabe si lo conseguirá, por ahora continúa entusiasmado con el proyecto, pese a todas las dificultades que vienen, no solo de equipos directivos un tanto escépticos al principio, sino incluso de los propios alumnos, muchos de los cuales prefieren estudiar para un examen a cambiar la forma en la que son evaluados.

La burocratización de la educación

Aún así, los exámenes y controles siguen siendo muy necesarios. Son una manera rápida y quizá más objetiva de valorar la aplicación de los estudiantes y son, a su vez, comprobante del trabajo del profesor. Los Salesianos y La Presentación, al igual que otros muchos colegios e institutos, están inmersos en un proceso ‘de Calidad’: “en todas las empresas tenemos que tener un papelito que diga que tenemos calidad”, comenta Fernando con cierta acritud. Y es que ‘EDUQATIA’ ha llevado a que estas instituciones tengan que estar de auditorías constantes y a generar “una cantidad ingente de papel”.

Si Fernando se reúne con la madre de un alumno, si habla con él en el pasillo… de todo esto tiene que dejar constancia, incluso cuando es difícil constatar y acreditar una reunión por un problema personal del alumno. En resumen, burocratizar la educación y llenarla de papeleo: “dudo muy profundamente que eso contribuya a una mejora educativa, contribuye a cumplir con un papelito que estamos viendo que tampoco implica mejora. Siguen saliendo análisis PISA e informes de cada año de Andalucía y España y vemos que no avanzamos. Este no es el camino”, se lamenta. “Han llevado la calidad de la empresa a la escuela, y eso es un grave error”, sentencia un antiguo compañero suyo, Luis Ambel.

Luis Ambel es maestro, licenciado en Educación Física y psicólogo. Ha estado treinta y ocho años impartiendo clases en los Salesianos y ya está jubilado. Cuando trabajaba, recuerda que en el momento en el que su director le decía que no podía hacer algo, él sabía que iba por buen camino.

Las innovaciones de su época no pasaban por utilizar un ordenador o las nuevas tecnologías, sino por cambiar la forma de dar la clase de un modo radical: hubo un momento en el que dejó de hacer exámenes, aun cuando su director le dijo que no. Él no ganaba nada, pero quería conseguir que sus alumnos se fueran responsabilizando de su propio trabajo: “yo evaluaba el trabajo diario y, si hacían actividades extra, conseguían el sobresaliente”. Otro de los cambios que llevó a cabo en sus clases fue durante un tiempo en el que enseñaba lengua a los alumnos de diversificación curricular (los que no han conseguido acabar la ESO): de cuatro horas a la semana, una la dedicaba a la lectura: “costó mucho trabajo, pero al final conseguí que le tomaran el gusto a leer e incluso alguno me acabó confesando que ya no podía ir a dormir sin coger un libro antes”, evoca satisfecho. Para él, igual que para la Seño Maite, la lectura es una de las grandes carencias de nuestro actual sistema educativo: “si el alumno no lee no puede estudiar. Puede memorizar, pero no estudiar” y al final se ha visto que llevaba razón, pues ahora se exige una hora a la semana de lectura a los estudiantes de los primeros años de la ESO.

Lo dice alguien que ha trabajado al amparo de muchas leyes diferentes, cada una del color de su gobierno. Cuenta cómo hace más de veinte años, cuando un inspector salesiano llegó al colegio para explicarles la nueva ley (la LOGSE), él le preguntó si les subirían el sueldo, si disminuirían el número de alumnos por clase, si tendrían horas para comentar con los compañeros los pormenores del día a día… ante la negativa del inspector a todas sus cuestiones, su respuesta fue clara: “esta ley va a fracasar porque todo va a seguir exactamente igual” y, según parece, fracasó.

No resulta fácil determinar cuál sería la ley adecuada para la educación, pero sí es posible que encontrarla pase por preguntar y escuchar a aquellos que, día a día, luchan porque las generaciones futuras lleguen a buen puerto. Los nuevos avances, sobre todo los tecnológicos, muestran lo útiles que pueden ser, pero dependen de que se les dé un uso adecuado: “No es despreciar el sistema anterior, pero hay que apostar por la novedad” agrega Fernando López cuando habla de la innovación con las Nuevas Tecnologías: “El problema es que no sabemos lo que significa innovar en TIC. Un centro TIC no es aquel que tiene cien ordenadores, es aquel que sabe lo que hacer con cien ordenadores”, sentencia dejando ver un posible camino por el que intentar avanzar.

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Trabajar en un concertado: optar por un camino distinto

Para trabajar en un concertado no exigen tener unas oposiciones aprobadas. Esta es una de las críticas más escuchadas en contra de los centros con concierto. Sin embargo, que esto merme la calidad de los educadores es algo que no queda del todo claro pues las pruebas del Informe PISA dan mejores notas a este tipo de instituciones. Para Fernando López, profesor en Salesianos, elegir trabajar en una institución concertada es “optar por un camino distinto”.

Esa opción también la ha tomado Mª José Rodríguez, maestra de Educación Primara y de Ed. Física que ahora está en paro. Ella quiere trabajar en un colegio concertado, y lo quiere porque, según afirma, “me identifico mucho más con el ideario de un colegio católico que de cualquier otro”. Es posible que tenga también mucho que ver el hecho de haber estudiado en La Presentación (Guadix), como le pasa a Pablo Rivera: terminó el curso pasado de estudiar Magisterio con la mejor nota media de su facultad y ahora sigue estudiando la licenciatura en Psicopedagogía. Él habla de lo a gusto que se sintió en sus años en La Presentación y, añade que el ambiente de un concertado “es más familiar más cercano”.

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Propuestas para mejorar: un MIR en Educación

A Luis Ambel le gusta estar informado sobre cómo educan en aquellos países con mejores notas en el informe PISA, como Finlandia o Corea del Sur. Continuamente compra revistas sobre educación y sigue yendo a diferentes congresos que se organizan en su ciudad, Granada.

Luis confiesa sin tapujos cómo quedó ‘boquiabierto’ cuando, en una ocasión, estuvo hablando con el Agregado Cultural de la Embajada Finlandesa y le contó cómo organizan allí la educación: “Para estudiar magisterio tienes que sacar 9 de media, como aquí para medicina”, comenta. También le llamó mucho la atención el hecho de que haya “un profesor para cada 16 alumnos en la etapa primaria y para cada 13 en la secundaria”, mientras que en España lo lógico es tener más de 25, lo que supone que se haga prácticamente imposible una enseñanza individualizada, “es para volverse locos”.

Los profesores también deberían ponerse las pilas si lo que desean es enseñar bien: “cuando terminan magisterio y se ponen a trabajar, ya no se les exige nada, no hay más posibilidades de que se sepa qué se hace en el aula”, algo que Luis entiende como otro de los grande errores de nuestro sistema. Un MIR, al estilo de la medicina española, se hace entonces imprescindible “para que lleguen solo los de tienen vocación para esto”.

Pero no solo un periodo ‘de prueba’ es suficiente, este profesor opina que la confrontación de ideas con otros compañeros es “estrictamente” necesaria: “no puedes acabar la carrera y estar veinte años dando clases sin ir a un congreso o hacer un curso”.

“En Singapur, los profesores tienen que hacer un examen anual: si lo sacan bien les suben el sueldo, pero si lo suspenden van a la calle”, cuenta Luis mientras lee una de sus revistas sobre educación. Ese mismo tema lo toca Fernando; él habla de la poca motivación que hay en los profesores: “no puedes ascender de ningún modo, a lo máximo que aspiras es a la Jefatura de Estudios y eso parece más un castigo que un premio”.

Además de esa poca motivación dentro de cualquier centro escolar, el prestigio del oficio del magisterio está por los suelos: No son pocas las veces que Fernando, y cualquier maestro o profesor, ha escuchado la frase “vosotros tenéis muchas vacaciones”.

Y es que la educación se ha convertido en un motivo más de peleas y discusiones políticas que poco ayudan a avanzar. “La clave está en la educación entendida como un gran acuerdo nacional donde si el gobierno cambia de color, la educación no se toca” es la opinión de Luis y de muchos de sus camaradas. Cambiar es útil, innovar y mejorar también, pero el cambio constante no beneficia a nadie. Ocurre lo mismo en los colegios públicos, Luis está convencido de que el cambio de profesorado que se produce cada año no es bueno para el alumnado de ese centro, mientras que en los colegios concertados este cambio es mucho menos habitual: “es necesario comentar con el compañero que te sigue qué estás haciendo, para que él conozca a los alumnos y sepa sus necesidades”.