Insultos

Un amigo me ha recomendado (y dejado) un libro de Jorge Bucay que dice que está muy bien.

Todavía ando comprobándolo.

En el prólogo a la edición que tengo en mis manos aparece un cuento que quiero compartir con ustedes; como todos los cuentos, hace pensar y eso es algo que nunca debemos dejar de hacer.

Había una vez una tortuga que vivía soñando. Mientras arrastraba su pesado cuerpo a pocos centímetros del suelo, miraba hacia arriba e imaginaba lo bello que debía ser ver la tierra desde el cielo. 


Qué no daría ella por poder volar ! 


Sus amigas las gaviotas, oyentes eternas de sus sueños, vinieron un día con una propuesta: 
– Amiga – le dijo una – tú no tienes alas, nosotras sí…. Y tenemos además la fantasía de ayudarte a cumplir tu sueño. 
– Tu pico es muy fuerte – dijo la otra – traeremos una rama de un olmo y tú te sujetarás a ella mordiéndola con todas tus fuerzas. Si te animas a correr el riesgo, entre las dos levantaremos la rama sujetándola con las patas y te llevaremos a recorrer el cielo. 
La tortuga abrió muy grandes los ojos. Sería posible ? 


Las gaviotas trajeron el palo. La tortuga hincó los dientes en la rama con toda su fuerza y cerró los ojos. 
Cuando los abrió, animada por el viento que bañaba su arrugada cara, no alcanzaba a creer lo que veía…. 
Allí, abajo, los campos sembrados, el río, los árboles, la tierra. 
Los demás animales la vieron pasar. 
Muchos sabían del sueño de la tortuga y aplaudieron emocionados. 


Algunos se sorprendieron. 
Unos pocos se animaron a gritarle: 
– Bravo ! 
– Qué suerte ! 
– Cuéntanos qué se ve…. 
Otros se deshicieron en alabanzas: 
– Qué inteligente ! 
– Mira cómo se las ingenió la tortuga para volar. 
– Es un genio…. 


La tortuga escuchaba los halagos y hacía señas de que nada era mérito suyo, salvo aferrarse a ese palo. Señalaba con sus cortas patas a sus amigas, dándoles el crédito por su sueño cumplido. 
Desde abajo, nadie entendía sus gestos. 
Creían que saludaba, que agradecía o que por humildad cedía los vítores y aplausos a las aves. 
Después de muchos intentos de explicación, la tortuga renunció a las señas y decidió que tenía que esperar a estar en tierra para contar lo que había sucedido. 
– Mientras tanto – pensó la tortuga, nada puedo hacer más que disfrutar de todos estos halagos, aunque sé que no me los merezco. 


Volando, volando, las gaviotas llevaron a su amiga por la zona donde vivían las otras tortugas. 
Éstas no parecían estar tan contentas. 
– Cómo se le ocurre ? – cuestionaban. 
– Las tortugas no vuelan…. 
– Qué soberbia ! 
– Quién se cree que es ? 
La tortuga intentó explicar por señas que también ella estaba sorprendida por lo que le pasaba, que ella no se creía nada, que el destino había puesto en su camino esta oportunidad y que sus amigas…. 


– Y encima cómo se aprovecha de esas pobres aves – dijeron los que veían sus señas y no las entendían (o no querían entenderlas). 
– Sí – agregaban otras – se vale de ellas como si estuvieran a su servicio. 
– Como si fueran sus esclavas. Maldita cretina ! 
La tortuga trató de sobreponerse a las críticas y los insultos que consideraba injustos. Señalaba a sus amigas y agitaba sus brazos como diciendo que de ellas eran las alas y de ellas la decisión de llevarla por el cielo. 
– Y encima se burla – dijeron las de abajo. 
– Qué caradura ! 
– Es una estafadora. Ella no está volando, las otras la llevan. 
Quizá mal acostumbrada por los halagos previos. Quizá demasiado furiosa con las acusaciones. Seguramente muy enojada con lo que sus congéneres decían de ella. 


Quiso aclarar que no era así, que estaban equivocadas.

Quiso contestar a los insultos.

Quiso gritarles…. 
Y cuando sintió que ya no podía aguantar más la injusta herida de las palabras de las otras tortugas, abrió la boca para decirles, para contestarles, para explicar, para defenderse…. 


Al hacerlo se soltó de la rama y cayó pesadamente a la tierra. 


Maltrecha y lastimada por el golpe de la caída, caminó el resto de su vida cargando su pesada caparazón, muy cerca del suelo. El viaje había terminado. 


Culpa de los insultos ? No. Quizá culpa de su vanidad…. 

Que tengan un buen viaje.

Sonrían

A’ngie R.B.

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