Archivos Mensuales: abril 2011

Día Mundial de la Danza

Desde que en 1982 la Unesco y su Comité Internacional de la Danza fundaran el Día Internacional de la Danza, este se celebra cada 29 de abril.

[Bailarinas Basculando, de Degas.]

Aquí os dejo el manifiesto de este año, a cargo de Anne T. de Keersmaeker (Mechelen, Bélgica, 1960), coreógrafa y directora de la compañía de danza Rosas. A mí me ha parecido precioso, corto, conciso y gran transmisor de lo que ella siente por la danza:

«Creo que la danza es la celebración de lo que nos hace humanos. Cuando bailamos, usamos de una forma muy natural los mecanismos de nuestro cuerpo y todos nuestros sentidos para expresar alegría, tristeza, aquello que nos toca el corazón. La gente baila para celebrar los momentos cruciales de sus vidas y nuestros cuerpos llevan el peso de la memoria de todas las experiencias humanas posibles.

Podemos bailar en solitario y podemos bailar en grupo. Podemos compartir lo que nos une, lo que nos diferencia a unos de otros. Para mí, bailar es una forma de pensar. A través de la danza podemos encarnar las ideas más abstractas e incluso revelar lo que no podemos ver, lo que no podemos nombrar.

La danza es un vínculo entre personas, un puente entre el cielo y la tierra. Llevamos el mundo en nuestros cuerpos. A fin de cuentas, pienso que cada instante de danza forma parte de una función más vasta, de una coreografía que no tiene principio ni fin».

Sean felices

Ángela R. B.

Por un recital, un perro cojo, un puente, una barca…

Con aire despistado, andares de chulito y haciéndose un cigarrillo de liar, Andrés andaba despacio. La vio, se puso el cigarro sin terminar en la oreja y fue hacia ella.

Un abrazo, un gran abrazo. Como si no se vieran desde Septiembre,  quizá fuera eso.

A ella se le saltaron las lágrimas, él lo disimuló más. Ambos estaban emocionados, decidieron ir al paseo de enfrente.

Tenían muchas cosas de las que hablar, no hablaron de demasiadas, pero estuvieron juntos un ratito… y con eso, abrazos y besos en la mejilla, bastó.

Se sentaron en un banco y saludaron a dos amigos de él; pronto llegó una sorpresa:

Álvaro venía desde Málaga solo para verlo recitar… se dieron un abrazo, como si no se vieran desde hacía mucho, pero estuvieron juntos el sábado. La amistad tiene eso, que nunca te cansas.

Hablaron un poquito, de vez en cuando él sacaba un folio y lo leía, ella hacía lo mismo. Ambos sabían sus textos, pero estaban nerviosos, muy nerviosos.

Después se fueron a la puerta del Teatro Isabel la Católica, donde un nervioso Fernando los abrazó y les dio las gracias por llegar.

Había gente, muchos se acercaron a ella y la abrazaron. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez y todos lo notaron, pero la hicieron sentir de nuevo en casa.

Se hizo la hora de subir al Centro Artístico, y así lo hicieron.

Detrás del Isabel La Católica había una puerta por la que entraron para encontrar una habitación pequeña donde recitar a Benítez Carrasco.

Ellos se sentarían en el suelo, los amigos que habían venido a verlos lo harían en las sillas..

Y comenzó el Recital a Manuel Benítez Carrasco.

La Tertulia comenzó dando la bienvenida con un vídeo del propio Manuel Benítez en uno de sus últimos recitales, en Málaga (y qué casualidades tiene la vida…)  ya casi ciego.

Después hablaron de su infancia y juventud, tal vez para acercarlo más a aquellos teatreros de La Aldaba, aunque en realidad no hacía mucha falta.

Tomó la palabra Fernando López, se le veía alegre. Habló del motivo de hacer un recital con jóvenes y leyó un texto de Ángela Rodríguez.

Mientras él leía, todos los teatreros la miraban y ella se puso nerviosa, muy nerviosa. Cuando Fernando dijo que ese texto pertenecía a la chica de la cámara, el resto de ojos de la sala se puso sobre su cabeza, y ella comenzó a temblar un poco más mientras Ana Belén y Andrés la miraban y acariciaban con mucha, mucha ternura.

Fernando terminó de leer y Ángela se levantó, era momento de recitar “La Barca“.

No salió como ella quisiera, ella se ha quejado de lo mal que lo hizo; pero la gente la aplaudió durante un minuto entero, callando solo cuando el director de la Tertulia a Benítez Carrasco le dijo “Es normal que te emociones, esa poesía era muy importante para él”… pero ella lloró muchísimo y siguió pensando en que la había cagado.

Después de ese momento de tensión, pasión y sentimiento, Fernando recitó “Tengo el Caballo en la puerta” como solo él sabe hacerlo.

Los niños pequeños del grupo tuvieron su momento de protagonismo cuando, entre todos, recitaron “El niño que todo lo quería ser”… pocos pudieron escapar de las sonrisas que inspiraban.

Belinda Jiménez con la “Soleá del Amor Indiferente”; Julián Salguero y Noelia Martín hicieron su propia versión de “No sé por qué el recuerdo” con una canción que cantaron a dúo en acústico y directo que dejó más de una boca abierta.

Llegó el momento de uno de los poemas más bonitos de Manuel, “El Puente”, recitado por Fernando López (hijo) y Anna Belén Valverde… dos voces, dos estilos que se unieron para decirnos algo lógico pero que sin querer olvidamos y que cuesta mucho trabajo aceptar: en la vida, unas veces somos puente y vemos cómo los demás se van… otras veces, somos río y nos vamos. Es duro, pero es así.

Y sí, a este poema se refiere Fernando cuando, al principio, dice que les vio llorar con un poema.

Casi todos los albareños se unieron después con los “Tres Banderilleros” al son de las palmas de toda la sala… fue muy bonito e impresionante, quizá mejor para el final, pero igualmente magnífico.

A continuación, otro grande: Andrés Piñar recitó “El Perro Cojo” del poeta como si fuera su propio perro, transmitiendo ese cariño al pobre animalito despojo de una pedrada. Alguien escuchó a un perro tatuado ladrar con él.

Irene García terminó recitando “El Abuelo” y con ella el recital llegó a su fin.

Agradecimientos, la Tertulia Benítez Carrasco regaló libros del autor y una placa conmemorativa al grupo teatral “La Aldaba”, que recogió la veterana del grupo – Belinda – y pidió que firmaran en su libro de firmas. Fernando pensó que fuera Ángela la que escribiera una dedicatoria y que todos los demás firmaran. Ella escribió “Gracias por darnos la oportunidad de volver a temblar, de emocionarnos y emocionar”.

No sabe lo que pensarían los demás sobre ese agradecimiento, estaba confusa, un poco mareada y disgustada consigo misma por haberlo hecho tan mal. Pero fueron más de dos, de tres o de cuatro los que se le acercaron para felicitarla, para decirle que se le había puesto el corazón en un puño, que se habían emocionado con ella o que se le habían puesto los pelos de punta… y se sintió rara.

Cogió su bolso y vio su móvil, un mensaje recibido durante el recital que le pedía que no llorara, que hasta él se había puesto nervioso y que había estado precioso… y volvió a llorar, pero esta vez fue diferente.

Ana Belén y ella se despidieron de Fernando y bajaron a la calle, donde ella encontró a sus amigos esperándola, Pablo, Javi y Miguel la felicitaron y abrazaron; pero tenían que irse.

Volvió con Álvaro, Andrés, Ana Belén, Asun y Pepe.

Recibió otro gran abrazo.

El recital comenzó con un abrazo y terminó con otro.

No podía pedir más.

Gracias.

Ángela R. B.