Una noche de Reyes

Ese cosquilleo interior te impide ir a la cama pronto pero te obliga a hacerlo, no vaya a ser que sus majestades te descubran despierto y decidan dejarte sin tu regalo. O regalos, porque has sido bueno. Lo suficiente.

Lo mejor de la noche del 5 de enero es que llega pronto. A las seis y media ya es de noche, y sabes que Sus Majestades han llegado ya porque empiezas a escuchar trompetas y tambores acercarse.

Entonces, te pones nervioso. “¡Vamos, mamá, vamos a pillar sitio, que ya vienen!”.

La noche de reyes es la noche de la magia, de los sueños e ilusiones.

Este año, he tenido la gran suerte de poder formar parte de ese reparto de alegría, y os puedo decir que ha sido único.

Casi ni había acabado de comer cuando ya tenía que pasar de ser Ángela a ser uno de los Pajes Reales de Su Majestad el Rey Melchor. Hacía frío, mucho. Y sobre las 6 mi cuerpo ya me pedía su merienda, como cada tarde. Pero mereció la pena.

Bajo un foco de luz y calor, las carrozas comenzaron a moverse, eran un poco más de las seis y media y los caramelos estaban preparados.

Enfilando la avenida, la gente se agolpaba alrededor. Unos, la mayoría, deseaban llenar sus bolsillos de caramelos. Pero otros, además (nunca se pueden despreciar caramelos), deseaban ver a sus majestades.

Unos, cogidos de la mano de sus padres. Otros, montados a caballito para ver mejor. Muchos, corriendo en el suelo para coger ese caramelo que había pasado desapercibido al resto de sus compañeros. Pero todos, todos, con esa cara de ilusión que hace que se te olvide el mal humor que te entró al ver a personas de 50 años quitarle los caramelos a los niños, o intentar quitártelos a ti.

Había algunos que solo podían mirar al Rey. Los caramelos pasaban completamente desapercibidos bajo el brillo de sus ojos mirando a ese hombre que les traería sus más deseados juguetes esa noche.

Recuerdo cuando salimos de la rotonda, y en una esquina, más de una docena de niños comenzaron a gritar: “¡Melchooorr!”. Justo antes, uno de ellos había dado su carta para el rey a uno de los pajes. Quizá era un poco tarde, pero ya se sabe que Sus Majestades son magos, y seguro que algo podrían hacer.

En uno de esos pequeños descansos, un hombre se acercó a Melchor por el lado izquierdo. Llevaba a su pequeña subida en los hombros. “Melchor, ¿te has acordado de los regalos de Ana? Ana, saluda al Rey Melchor”. Pero Ana no decía nada, solo miraba al rey con una cara entre fascinación, alegría e ilusión. La sonrisa no le cabía en su carita y sus manos no paraban de agitarse. Estaba frente a uno de los Reyes Magos de Oriente.

Y es que es en esos momentos cuando no puedo evitar (ni quiero evitar) tener ilusión por el mundo que nos rodea.

El hombre es bueno, claro que sí. El problema es cuando crece. Porque no sé en qué momento es cuando pasa de mirar embelesado al rey, a ignorarlo por pelearse por un par de caramelos.

 

Un saludo, y sonrían, por favor,

 

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Esparciendo sonrisas, recibiendo realidad

¿El hombre es malo? ¿o acaso es las sociedad la que hace malo al hombre? Pero no olvidemos que la sociedad está compuesta por hombres… Entonces, ¿qué?

Ayer aprendí una gran lección. Aprendí que si el  mundo es gris es porque nosotros queremos que lo sea. Y que si no cambia es porque no nos da la gana de dejarlo cambiar y apagamos la llama de aquellos que desean hacerlo.

Siempre pensé que vivimos en un mundo triste donde a la gente casi que les da vergüenza sonreír por la calle. Ayer constaté que no es que les dé vergüenza, es que incluso a veces se enfadan si les pides que lo hagan. No todos, pero sí algunos. Y yo creo que con que hubiera una sola persona así ya sería para apenarse.

También pensé siempre que la gente va ocupada por la calle, pero que si les recuerdas lo bonito que puede llegar a ser sonreír, lo harán. Quizá me equivocaba, quizá todavía soy una niña soñadora que cree que el mundo se cambiaría con sonrisas y con menos odio… pero lo pensaba, y todavía no estoy segura de si ayer lo constaté o, por el contrario, me di de bruces con la realidad. Con esa realidad que dice que si te acercas sonriendo a una persona, le muestras una cajita de lunares llena de papelitos (donde se lee claramente ‘SONRÍE’) y le ofreces uno, esa persona te mirará con asco y te dirá que no.

Me choqué con esa realidad de personas que cogen el papelito, lo miran con asco y lo devuelven como si acabaran de tocar mierda. Y sí, tocaron mierda, pero la suya, señores, no la mía.

Aún alucino al recordar, y me entristece pensar que me encontré con tanta gente así… Gente que tiró nuestra ilusión a la papelera cuando intentábamos recordarles que con la boca se puede hacer una cosa muy bonita que se llama sonreír. A lo mejor ellos no pueden y nosotros no lo sabíamos, o a lo mejor… No lo sé, la verdad es que no lo sé.

Es posible que no deba dar más vueltas al asunto, que simplemente recuerde a esas personas que sonrieron y dieron las gracias, a la señora que incluso me abrazó o a las que comentaban que teníamos razón.

Pero no puedo, ayer casi me apagaron. Y no me gusta. Ahora entiendo que la sociedad sea así, porque cualquiera que haya intentado algo como lo que mis amigos y yo procuramos ayer se pudo encontrar con otras personas como aquellas con las que nos topamos nosotros. Y a lo mejor ellos ya no tuvieron más fuerzas para seguir intentándolo. En tal caso, por ellos, por los que fueron apagados, por ellos hay que luchar también. ¿No creen?

Porque al final no todo fue tan horrible. Y un buen señor me recordó que las buenas acciones tienen su recompensa y que el resto del mundo debería aprender de ellas. Así que, ¿por qué no? Intentémoslo.

Enseñar hoy a vivir mañana

 El profesorado tiene una de las tareas sociales más importantes: formar a las generaciones protagonistas de nuestro futuro. No es un deber fácil: pierden la confianza de los padres y cada vez deben enfrentarse a más problemas y complicaciones. Sin embargo, la mayoría de ellos no abandonan la vocación que les ha llevado a donde están: dos maestras y dos profesores cuentan su día a día entre las paredes de dos colegios católicos en la provincia de Granada y explican cómo la principal diferencia de estas instituciones es el espíritu que impregna el centro. 

Cuando cada mañana llega al colegio, poco le importan las ‘medidas’ que hayan tomado los políticos de turno. Ellos y los famosos teóricos de la educación, todos aquellos que no han pisado un colegio desde sus ‘años mozos’ pero que, aún así, ordenan qué deben hacer los que se empeñan cada día en formar a las pequeñas generaciones de futuras grandes personas.

Es raro el día que Ana Rodríguez, maestra de 3º de Educación Infantil (niños de cinco años) no se ‘pelea’ con ‘Pepa’, su directora. Realmente son buenas amigas, pero cada vez que viene, ella se echa a temblar. El otro día, no tuvo más remedio que decirle que no podía perder toda la clase en pelarles las manzanas que habían mandado desde el Ayuntamiento para que les enseñen a comer sano: “¿No comen en su casa? Esa responsabilidad debe ser de sus padres”. Y es que últimamente se empeñan en que en el centro escolar se les enseñe de todo, desde educación vial hasta las letras, pasando por todo aquello que haya aparecido en la cabeza de quien esté en ese momento en el cargo: “al colegio le están echando encima todas las cargas sociales que hay”, se lamenta de vez en cuando.

El Colegio de La Presentación celebró en 2002 su centenario en Guadix. Las monjas de la congregación han recibido multitud de premios por su labor a la comunidad

Pocos cambios ha habido desde que ella empezó a trabajar, hace ya más de veinte años, es quizá por eso por lo que las ‘medidas’ políticas en educación no acaban de importarle demasiado. Recuerda cómo, allá por el año noventa y dos, desde el gobierno se aconsejaba no enseñar a los niños de infantil (o preescolar, por aquel entonces) a leer. “Fue un error y una tontería”, se lamenta; y es que ella y sus años de experiencia saben que un niño está capacitado para aprender a leer antes incluso de los cinco años: “me parece una barbaridad que coja la propia ley y te diga que no”. Sus clases son metódicas, cada día comienza reuniendo a sus niños en Asamblea: se sientan en el suelo y rezan. A Ana le gusta rezar cada mañana, y le gusta poder hacerlo porque trabaja en un colegio concertado, en La Presentación de Guadix (Granada). Después de los rezos, comienza la clase. Normalmente inglés es lo primero que dan, se saludan, dicen el día que hace y cantan en el idioma anglosajón; todo esto, con muchos, muchos gestos que consiguen que aprender sea divertido.

El bilingüismo

Ana tuvo que estudiar inglés rápidamente, de repente todos los colegios eran bilingües y La Presentación, como el resto, tuvo que entrar “en el saco” y empezar a dar clases en inglés, “son cosas que se piensan en despachos con aire acondicionado”. Y no es la única profesora que piensa algo así. Para ella, aprender idiomas está muy bien, pero es muy difícil que un profesor de secundaria que no ha estudiado inglés nunca, sea capaz de conseguir dar una clase de física o biología en la lengua del Reino Unido. Pero todos lo hacen, o al menos lo intentan, y ellos no pueden ser menos. Afortunadamente, Ana siente que el conocimiento nunca está de más, y sabe que llegará sin problemas al nivel de sus niños, aunque duda que otros de sus compañeros de cursos superiores lo logren.

La autonomía personal también se enseña en los primeros años de escolarización, lo que conlleva ‘batallas campales’ con algunos padres, que se empeñan, por ejemplo, en quitarles ellos el abrigo. Puede ser una ‘tontería’, pero los niños deben aprender a ir valiéndose por ellos mismos. ¿Padres sobreprotectores? “los ha habido toda la vida”, la principal diferencia es que ahora estos padres confían mucho menos en los maestros de sus hijos y “se creen que lo saben todo”. Sin embargo, “hay gente que es más tonta que otra y eso ha pasado siempre”, quizá estos padres no se dan cuenta de lo que perjudican a sus hijos cuando van con ellos de la mano a regañar a la Seño, pero eso es algo contra lo que Ana poco puede hacer.

Una compañera inseparable desde hace pocos años es su libreta de apuntes, fruto del Plan de Calidad en el que también están inmersos. En ella, además de llevar la planificación de todo el curso, tiene ciertas notas de relevancia. Por ejemplo, anota la fecha de nacimiento de cada uno de sus niños. El 31 de diciembre del pasado año, Elisa Silió firmaba un reportaje en el diario EL PAÍS  sobre la importancia que tiene en las notas la fecha en la que nacieron los alumnos. Ana no ha necesitado nunca ningún estudio científico para darse cuenta de que un niño que nació en diciembre no es igual que otro que nació en febrero: “a veces no se nota, pero en otras ocasiones notas algo a los niños, miras la fecha de nacimiento y te das cuenta de que es normal porque es más chico” comenta con total naturalidad.

Mucho más por aprender

Además de las clases y la formación curricular, en La Presentación se pretende enseñar mucho más: es un colegio religioso y así se toman el día a día. A parte de trabajar los diferentes tiempos del calendario católico, en el colegio celebran fiestas: la ‘Niña María’ (el 21 de Noviembre), los teatros navideños o la ‘Fiesta Rociera’ de final de curso son algunos de los momentos más alegres y llenos de vida de este colegio, que celebró su centenario en el 2002.

Esa alegría y espíritu es quizá una de las principales diferencias entre un colegio concertado y uno público. En el resto de asuntos académicos se rigen por las mismas normas que se imponen desde la Junta de Andalucía, y ahí hay pocas variaciones posibles. Incluso a la hora de aceptar alumnado, ningún colegio puede rechazar a un estudiante que haya entrado, pues todos siguen los mismos baremos.

El colegio San Juan Bosco, de los Salesianos de Granada, también destaca por su espíritu de alegría. El ideario de su fundador, “estad siempre alegres”, permanece a diario entre las paredes del centro educativo y el llamado ‘espíritu salesiano’ renace en muchos de sus profesores.

Este colegio estuvo ubicado en el barrio del Triunfo desde 1946 pero, siguiendo la estela de su fundador, San Juan Bosco, que siempre había trabajado con los más desfavorecidos, se marchó en 1977 al barrio del Zaidín, mucho más pobre. Maite Galán sabe bien la historia del centro, pues su padre ya fue maestro en esta escuela y desde pequeña ha “mamado” lo que significa ser salesiana.

La vocación

La suerte la acompañó al acabar la carrera, cuando hizo las prácticas en el colegio y consiguió quedarse en él. De eso hace ya más de veinticuatro años, aunque cualquiera lo diría cuando se mira la ilusión con la que cada mañana llega a trabajar, se pone su bata y se convierte en la Seño Maite, un ejemplo más del llamado espíritu salesiano y la verdadera vocación: “Sin vocación no lo consigues, puedes arruinar la vida de los niños”, afirma convencida.

Maite podría tirarse horas contando anécdotas, es una persona alegre de las que saludan por los pasillos a todo el mundo, incluso cuando no les conoce. Además, tantos años en primaria le han enseñado mucho y no se esconde cuando tiene que decir cómo ve las cosas. Para ella, uno de los principales problemas de nuestro sistema y de las famosas malas notas del Informe PISA no es que no se invierta, es que se invierte mal: los portátiles que la Junta ha regalado, por ejemplo, llevan años guardados en las casas de cada niño, porque “no se ha invertido en formar a los profesores para saber utilizarnos ni en dotar a los centros de técnicas útiles para ellos”. Además, haber dotado a los colegios de buenos ordenadores habría resultado mucho más barato que regalar portátiles al alumnado. Un gasto que podría haber ido a otros asuntos mucho más útiles, como las figuras de los orientadores, saturados por tener pocas horas y muchísimos alumnos (los salesianos cuentan con más de 1200 alumnos y un solo orientador). Y es que si no se invierte en aspectos provechosos, “la inversión no sirve para nada”, sentencia.

El ‘cheque-libro’ ha tenido menos críticas que los portátiles, pero Maite tiene su propia opinión. Aunque nunca dirá que es una mala inversión, sí es cierto que este año sus niños están utilizando libros que tienen ya cuatro años y, como es lógico, “están destrozados”. Por no hablar de que no pueden ni escribir ni subrayar en ellos, lo que conlleva que no se les enseñan técnicas de estudio básicas.

El alumnado

Hablar en términos genéricos de la educación es difícil, cada persona es diferente a quien tiene al lado y cada curso tiene unas necesidades dispares a los demás. Concretamente, este año Maite se encarga de enseñar las materias ‘instrumentales’ (Matemáticas, Lengua y Conocimiento del Medio) a niños de tercero de primaria y se ha encontrado con un alumnado muy desigual.

Juan (pseudónimo) tiene déficit de atención y es hiperactivo; es uno de los tres alumnos de integración que este año tiene la Seño Maite, además de dos que están ‘en estudio’. Él no necesita ir a otra clase como sus otros dos compañeros, pero sí es cierto que a veces “se sube por las paredes”. Lo pasa especialmente mal durante los exámenes: es un niño al que le cuesta muchísimo estar una hora sentado y más si tiene que estar concentrado frente a un papel. La solución es tan sencilla como difícil: adaptarse a él.

Maite le divide el examen en partes: Juan comienza haciendo unos ejercicios, cuando ella observa que empieza a ponerse nervioso, se lo quita y le pone a hacer otra cosa, después se lo vuelve a dar y así hasta que termina. Puede ser que tarde una semana en completar el examen, pero así se asegura que el niño lo hace: “yo me amoldo a él”, algo que puede llevar a cabo gracias a que su problema está diagnosticado. Sin embargo, es consciente de que este procedimiento, que ella dice que lo hace “por ética”, sus futuros compañeros no lo podrán llevar a cabo: “me da pena porque es muy inteligente, pero este niño está predeterminado a un ciclo formativo o un PCPI”. Ante esta situación, ella no puede más que comentar a sus camaradas cómo es el alumno y lo que está haciendo con él, pero luego “cada uno hace lo que quiere”.

Juan y sus compañeros de clase no son los únicos estudiantes con necesidades especiales que hay en Salesianos. Al adentrarse en cursos superiores, sobre todo hablando de los ciclos formativos, es fácil encontrarse con otros muchos que tienen problemas con las drogas o, incluso, con la policía. Con este alumnado ‘problemático’, los salesianos tienen su propia forma de actuar: el Método Preventivo. Es simple, consiste en adelantarse al problema, evitar que surja, incluso cuando es muy difícil de conseguir, “aquí trabajamos en esa línea”. Son las palabras de Fernando López, compañero de Maite desde hace quince años y profesor en secundaria.

La principal afición de Fernando es el teatro; gracias a él consiguió entrar en el colegio y crear el Grupo Teatral Salesiano “La Aldaba”, del que es director. A través de las artes escénicas, este profesor enseña no solo al alumnado de salesianos, sino también a otras muchas personas de fuera, la importancia que puede llegar a tener el teatro para la realización personal y mover conciencias. Eso mismo pretende hacer con la filosofía, que la imparte en 1º y 2º de bachillerato: “me gusta innovar y quiero que se sientan satisfechos”. Una clase de filosofía de Fernando poco tiene que ver con lo que podría esperarse: le gustan los juegos de palabras y continuamente sorprende a sus estudiantes con extrañas expresiones que no dejan indiferente a nadie. Aunque no todo es así, en 2º de bachillerato la innovación es complicada: “no seamos falsos, hay que cumplir unos objetivos porque al final, si el alumno quiere triunfar, necesita superar Selectividad y yo tengo que tenerlo en cuenta”.

Un profesor no puede dejar de lado lo que necesitan sus estudiantes, no puede olvidar que ellos dependen, en gran medida, de él. Fernando describe lo que debería ser un educador: su vocación y su profesionalidad son imprescindibles en un trabajo tan importante y a su vez tan poco valorado: “un profesor debe aprender a triunfar cuando sus alumnos triunfan”. Pero le gusta recordar que para él que un alumno triunfe no es que saque matrícula de honor, “hay muchas escalas para considerar a un alumno triunfador y por tanto, para considerarte partícipe de ese éxito”. Lo primordial es que un profesor esté convencido de que lo que hace “es lo más importante del mundo” y lo demás da igual.

Unas 11 asignaturas son muchas, pero todos coinciden en que los alumnos pueden con ellas

Pero no siempre todo lo demás puede dar igual. El trabajo de este profesor, y el de cualquiera, depende en gran medida de lo que decidan “los de arriba”. Para Fernando este es uno de los problemas del sistema: “es un problema radical. Deben preguntarles a los que estamos implicados en el proceso educativo”.

O, al menos, informarles. El nuevo ‘Bachillerato de tres años’ propuesto por el Gobierno entrante provoca más dudas que respuestas. Quizá sea pronto, pero no se sabe si esta reforma implicará también un cambio en los cursos anteriores o si se tendrá en cuenta la opinión de los profesores: “Si no es así me temo que asistiremos a otra más de las reformas que no parten del diálogo social previo”. Éstas y otras muchas preguntas, no solo de Fernando, sino de todos sus camaradas, aún esperan una respuesta que no saben cuándo llegará. De momento, solo esperan que sea “algo más que un titular” y que lleve consigo “un apoyo económico suficiente”
La sociedad demanda una serie de cuestiones y la educación no forma al individuo para responder a necesidades de esta nueva sociedad, es por esto que las Nuevas Tecnologías (NTIC) se están convirtiendo en un gran instrumento académico, y eso lo sabe bien este profesor: hace ya casi tres años fundó Filosofiesta, una red social cuyo lema es “Hacia la filosofía desde la diversión y hacia la diversión desde la filosofía”. En esta red, que son varias a la vez, interactúa con sus alumnos por medio de preguntas filosóficas, cartas, fotografías y otros muchos proyectos que llevan a cabo no solo ellos, sino ya personas de todo el mundo que han ido entrando poco a poco. Su objetivo es “provocar que el individuo sea capaz de tomar conciencia de lo que le rodea y se convierta en alguien capaz de enfrentarse a lo que no le gusta para cambiarlo” y, aunque reconoce que no sabe si lo conseguirá, por ahora continúa entusiasmado con el proyecto, pese a todas las dificultades que vienen, no solo de equipos directivos un tanto escépticos al principio, sino incluso de los propios alumnos, muchos de los cuales prefieren estudiar para un examen a cambiar la forma en la que son evaluados.

La burocratización de la educación

Aún así, los exámenes y controles siguen siendo muy necesarios. Son una manera rápida y quizá más objetiva de valorar la aplicación de los estudiantes y son, a su vez, comprobante del trabajo del profesor. Los Salesianos y La Presentación, al igual que otros muchos colegios e institutos, están inmersos en un proceso ‘de Calidad’: “en todas las empresas tenemos que tener un papelito que diga que tenemos calidad”, comenta Fernando con cierta acritud. Y es que ‘EDUQATIA’ ha llevado a que estas instituciones tengan que estar de auditorías constantes y a generar “una cantidad ingente de papel”.

Si Fernando se reúne con la madre de un alumno, si habla con él en el pasillo… de todo esto tiene que dejar constancia, incluso cuando es difícil constatar y acreditar una reunión por un problema personal del alumno. En resumen, burocratizar la educación y llenarla de papeleo: “dudo muy profundamente que eso contribuya a una mejora educativa, contribuye a cumplir con un papelito que estamos viendo que tampoco implica mejora. Siguen saliendo análisis PISA e informes de cada año de Andalucía y España y vemos que no avanzamos. Este no es el camino”, se lamenta. “Han llevado la calidad de la empresa a la escuela, y eso es un grave error”, sentencia un antiguo compañero suyo, Luis Ambel.

Luis Ambel es maestro, licenciado en Educación Física y psicólogo. Ha estado treinta y ocho años impartiendo clases en los Salesianos y ya está jubilado. Cuando trabajaba, recuerda que en el momento en el que su director le decía que no podía hacer algo, él sabía que iba por buen camino.

Las innovaciones de su época no pasaban por utilizar un ordenador o las nuevas tecnologías, sino por cambiar la forma de dar la clase de un modo radical: hubo un momento en el que dejó de hacer exámenes, aun cuando su director le dijo que no. Él no ganaba nada, pero quería conseguir que sus alumnos se fueran responsabilizando de su propio trabajo: “yo evaluaba el trabajo diario y, si hacían actividades extra, conseguían el sobresaliente”. Otro de los cambios que llevó a cabo en sus clases fue durante un tiempo en el que enseñaba lengua a los alumnos de diversificación curricular (los que no han conseguido acabar la ESO): de cuatro horas a la semana, una la dedicaba a la lectura: “costó mucho trabajo, pero al final conseguí que le tomaran el gusto a leer e incluso alguno me acabó confesando que ya no podía ir a dormir sin coger un libro antes”, evoca satisfecho. Para él, igual que para la Seño Maite, la lectura es una de las grandes carencias de nuestro actual sistema educativo: “si el alumno no lee no puede estudiar. Puede memorizar, pero no estudiar” y al final se ha visto que llevaba razón, pues ahora se exige una hora a la semana de lectura a los estudiantes de los primeros años de la ESO.

Lo dice alguien que ha trabajado al amparo de muchas leyes diferentes, cada una del color de su gobierno. Cuenta cómo hace más de veinte años, cuando un inspector salesiano llegó al colegio para explicarles la nueva ley (la LOGSE), él le preguntó si les subirían el sueldo, si disminuirían el número de alumnos por clase, si tendrían horas para comentar con los compañeros los pormenores del día a día… ante la negativa del inspector a todas sus cuestiones, su respuesta fue clara: “esta ley va a fracasar porque todo va a seguir exactamente igual” y, según parece, fracasó.

No resulta fácil determinar cuál sería la ley adecuada para la educación, pero sí es posible que encontrarla pase por preguntar y escuchar a aquellos que, día a día, luchan porque las generaciones futuras lleguen a buen puerto. Los nuevos avances, sobre todo los tecnológicos, muestran lo útiles que pueden ser, pero dependen de que se les dé un uso adecuado: “No es despreciar el sistema anterior, pero hay que apostar por la novedad” agrega Fernando López cuando habla de la innovación con las Nuevas Tecnologías: “El problema es que no sabemos lo que significa innovar en TIC. Un centro TIC no es aquel que tiene cien ordenadores, es aquel que sabe lo que hacer con cien ordenadores”, sentencia dejando ver un posible camino por el que intentar avanzar.

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Trabajar en un concertado: optar por un camino distinto

Para trabajar en un concertado no exigen tener unas oposiciones aprobadas. Esta es una de las críticas más escuchadas en contra de los centros con concierto. Sin embargo, que esto merme la calidad de los educadores es algo que no queda del todo claro pues las pruebas del Informe PISA dan mejores notas a este tipo de instituciones. Para Fernando López, profesor en Salesianos, elegir trabajar en una institución concertada es “optar por un camino distinto”.

Esa opción también la ha tomado Mª José Rodríguez, maestra de Educación Primara y de Ed. Física que ahora está en paro. Ella quiere trabajar en un colegio concertado, y lo quiere porque, según afirma, “me identifico mucho más con el ideario de un colegio católico que de cualquier otro”. Es posible que tenga también mucho que ver el hecho de haber estudiado en La Presentación (Guadix), como le pasa a Pablo Rivera: terminó el curso pasado de estudiar Magisterio con la mejor nota media de su facultad y ahora sigue estudiando la licenciatura en Psicopedagogía. Él habla de lo a gusto que se sintió en sus años en La Presentación y, añade que el ambiente de un concertado “es más familiar más cercano”.

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Propuestas para mejorar: un MIR en Educación

A Luis Ambel le gusta estar informado sobre cómo educan en aquellos países con mejores notas en el informe PISA, como Finlandia o Corea del Sur. Continuamente compra revistas sobre educación y sigue yendo a diferentes congresos que se organizan en su ciudad, Granada.

Luis confiesa sin tapujos cómo quedó ‘boquiabierto’ cuando, en una ocasión, estuvo hablando con el Agregado Cultural de la Embajada Finlandesa y le contó cómo organizan allí la educación: “Para estudiar magisterio tienes que sacar 9 de media, como aquí para medicina”, comenta. También le llamó mucho la atención el hecho de que haya “un profesor para cada 16 alumnos en la etapa primaria y para cada 13 en la secundaria”, mientras que en España lo lógico es tener más de 25, lo que supone que se haga prácticamente imposible una enseñanza individualizada, “es para volverse locos”.

Los profesores también deberían ponerse las pilas si lo que desean es enseñar bien: “cuando terminan magisterio y se ponen a trabajar, ya no se les exige nada, no hay más posibilidades de que se sepa qué se hace en el aula”, algo que Luis entiende como otro de los grande errores de nuestro sistema. Un MIR, al estilo de la medicina española, se hace entonces imprescindible “para que lleguen solo los de tienen vocación para esto”.

Pero no solo un periodo ‘de prueba’ es suficiente, este profesor opina que la confrontación de ideas con otros compañeros es “estrictamente” necesaria: “no puedes acabar la carrera y estar veinte años dando clases sin ir a un congreso o hacer un curso”.

“En Singapur, los profesores tienen que hacer un examen anual: si lo sacan bien les suben el sueldo, pero si lo suspenden van a la calle”, cuenta Luis mientras lee una de sus revistas sobre educación. Ese mismo tema lo toca Fernando; él habla de la poca motivación que hay en los profesores: “no puedes ascender de ningún modo, a lo máximo que aspiras es a la Jefatura de Estudios y eso parece más un castigo que un premio”.

Además de esa poca motivación dentro de cualquier centro escolar, el prestigio del oficio del magisterio está por los suelos: No son pocas las veces que Fernando, y cualquier maestro o profesor, ha escuchado la frase “vosotros tenéis muchas vacaciones”.

Y es que la educación se ha convertido en un motivo más de peleas y discusiones políticas que poco ayudan a avanzar. “La clave está en la educación entendida como un gran acuerdo nacional donde si el gobierno cambia de color, la educación no se toca” es la opinión de Luis y de muchos de sus camaradas. Cambiar es útil, innovar y mejorar también, pero el cambio constante no beneficia a nadie. Ocurre lo mismo en los colegios públicos, Luis está convencido de que el cambio de profesorado que se produce cada año no es bueno para el alumnado de ese centro, mientras que en los colegios concertados este cambio es mucho menos habitual: “es necesario comentar con el compañero que te sigue qué estás haciendo, para que él conozca a los alumnos y sepa sus necesidades”.

Hipócritas

“Vendamos un yogurt y para demostrar que es para todo el mundo y que no tenemos prejuicios, pongamos a Carmen Machi. Eso sí, que en ningún momento se le vea más del hombro, no vayamos a herir sensibilidades”

 

Hipócritas

Todos hipócritas, falsos y embusteros.

Porque sí, porque es muy fácil echarse las manos a la cabeza cuando ves imágenes o la historia de Isabelle Caro.

Hipócritas

Porque todo esto lo hemos creado nosotros

Sí, vosotros, ellos, yo.

El gobierno y sus medidas populistas que se llevan el aplauso de la opinión pública pero que nunca se llevan a cabo.

Y Zara, Inditex y todas las factorías de moda con dependientas esqueléticas que miran con cara de asco a una chica que les pide una talla mayor de una falsa L (porque eso no es una L) y les dicen “tallas tan grandes no tenemos”

El otro día encontré en mi armario una falda de hace 6 años, talla 34. La comparé con una actual, talla 38. La 34 era acaso un poco más grande. ¿he engordado? No, pero las tiendas nos hacen creer que sí. ¿es esta la homologación de tallajes que nos prometieron?

Hipócritas, hipócritas todos.

Os da asco ver cuerpos así

pero alabamos otros como este

¿no veis que es lo mismo? ¿Que los cánones de belleza persiguen a cualquier mujer?

Os escandalizáis con cuentas en twitter que se hacen llamar “gurús de la anorexia” o con hashtag como #AnayMia que tienen decenas de tuits en una hora en los que hablan de lo felices que son.

Pero es que la culpa es vuestra, nuestra, de todos.

¿no os dais cuenta?

Arte

No entiendo mucho de arte; en realidad, entiendo muy poco de muchas cosas que me gustan, pero de las que siento nunca saber suficiente.

Y no, esta no es la frase de un entendido que se hace el humilde, realmente entiendo muy poco de pintura.

Un año de Historia del Arte fue suficiente para aprender lo más básico de lo básico, pero me falta más, mucho más.

Museos, exposiciones, todo eso es muy bonito, pero hace falta algo para llegar a comprenderlo del todo, para valorarlo.

Pero qué más da; soy defensora del arte, de lo que el arte simboliza tanto para quien lo crea, como para el que lo observa. El arte son sentimientos plasmados en lo que a cada uno le inspire plasmarlo, y me parece realmente bello saber plasmar un sentimiento.

Palabras, dibujos, imágenes, sonidos… ¿qué más da? Es Arte, no lo olviden.

 

 

 

 

 

Este fin de semana he vuelto a Málaga para reencontrarme con algunas amigas.

Decidimos no irnos a la playa, si no mantener nuestro blanco inmaculado de piel e irnos al museo.

Por la mañana del sábado estuvimos en el Museo Picasso y por la tarde en el CAC (Centro de Arte Contemporáneo).

Del Museo Picasso solo diré que, en mi humilde opinión, las exposiciones temporales están mucho mejor que la permanente; la verdad es que esperaba mucho más de los cuadros que allí tenían y me defraudó un poco; aún así, vayan, juzguen y valoren ustedes mismos, que es de lo que se trata.

En realidad ahora venía a hablaros de un pintor que acabo de conocer en la exposición temporal del CAC, Guillermo Pérez Villalta, para ello, me haré eco de la crítica de la web “El Escaparate” a esta exposición:

“Las metamorfosis y otras mitologías se articula en cuatro grandes temas que han sido recurrentes a lo largo de su trayectoria artística: asuntos bíblicos y evangélicos (Salomé con la cabeza del Bautista, 2008), luchas y batallas (Hombre luchando contra un dragón, 2007), el patriarcado (Dios padre y Dios hijo, 2006) y el mito del artista (El artista creando una obra de arte, 2008). Sin embargo, la exposición tiene como punto de partida Las Metamorfosis de Ovidio, obra cumbre de la mitología clásica que aborda la creación del Universo y la aparición de los Dioses y los hombres, y donde la transformación adquiere una gran relevancia (El juicio de Apolo y Marsias, 2003). El proceso de cambio y mutación tiene para Pérez Villalta una presencia muy significativa en su obra (Metamorfosis. Pan y Siringa o música para tus ojos, 2004), lo que explica su interés en los ciclos de la naturaleza.

Para Fernando Francés, director del CAC Málaga, “Guillermo Pérez Villalta renuncia a cualquier representación conceptual y minimalista, en favor de posiciones más barrocas y del ornamento, y ello implica navegar en solitario defendiendo posiciones de absoluta independencia. Su exposición en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga es un compendio del espíritu que preside sus obras, con constantes referencias a la historia del arte, a la mitología y a la tradición. Siempre con la iconografía humana como clave central de su trabajo, desde hace algún tiempo ésta ha experimentado una reducción geométrica hasta convertirse casi en un símbolo, con lo que desarrolla un mundo infinito de posibilidades creativas. Guillermo Pérez Villalta es un artista reflexivo, en sus obras nada es fruto del azar sino resultado de un proceso laborioso y cuidado hasta el más mínimo detalle”.

Junto a los ciclos de la naturaleza y sus investigaciones sobre la figura humana, el paisaje ha marcado la producción artística de la última época de Pérez Villalta. Como él mismo ha reconocido, “el paisaje es uno de los géneros más gozosos para la invención pictórica”, ya que le permite trasladarse a lugares remotos, como si de una excursión se tratase. Los paisajes de Canaletto y Guardi le ofrecen, además, un reto para experimentar nuevas técnicas con las que abordar ciertos temas de la tradición clásica (La venganza de Latona, 2008).

Guillermo Pérez Villalta (Tarifa, Cádiz, 1948) pertenece a la nómina de artistas que en los años 70 se enmarcaron en el movimiento conocido como Nueva Figuración. Aunque es la primera vez que expone en el CAC Málaga, su vinculación con el mismo se remonta a años atrás, ya que algunos de sus trabajos forman parte de la Colección Permanente (Curador llevando un rebaño de artistas, 2009) y, además, ha participado en actividades culturales como el Curso de Pintura ¿Quién teme a la belleza?, impartido por él mismo hace un par de años.” 

¿Que qué es lo que más me ha llamado la atención de este autor? Su uso del color, del espacio, sus dibujos minuciosos, formas, movimientos.

Me ha parecido, francamente, espectacular.

Los cuadros transmiten, cuentan, narran, llegan.

Me han fascinado los movimientos, las olas (presentes en la gran parte de sus cuadros), las metáforas… todo.

Además, creo que es realmente interesante la colección de bocetos de los cuadros que se exponen.

Todas las imágenes que acompañan este texto son cuadros suyos; pero no se engañen, en vivo ganan muchísimo más.

Terminaré diciendo que os aconsejo ver alguna exposición de este autor y que la que yo he visitado estará, (gratis), hasta el 9 de octubre.

Creo que es una opción veraniega y cultural realmente interesante.

 

 

 

Un saludo y, ya saben, no olviden sonreír.

Ángela R.B.

Insultos

Un amigo me ha recomendado (y dejado) un libro de Jorge Bucay que dice que está muy bien.

Todavía ando comprobándolo.

En el prólogo a la edición que tengo en mis manos aparece un cuento que quiero compartir con ustedes; como todos los cuentos, hace pensar y eso es algo que nunca debemos dejar de hacer.

Había una vez una tortuga que vivía soñando. Mientras arrastraba su pesado cuerpo a pocos centímetros del suelo, miraba hacia arriba e imaginaba lo bello que debía ser ver la tierra desde el cielo. 


Qué no daría ella por poder volar ! 


Sus amigas las gaviotas, oyentes eternas de sus sueños, vinieron un día con una propuesta: 
– Amiga – le dijo una – tú no tienes alas, nosotras sí…. Y tenemos además la fantasía de ayudarte a cumplir tu sueño. 
– Tu pico es muy fuerte – dijo la otra – traeremos una rama de un olmo y tú te sujetarás a ella mordiéndola con todas tus fuerzas. Si te animas a correr el riesgo, entre las dos levantaremos la rama sujetándola con las patas y te llevaremos a recorrer el cielo. 
La tortuga abrió muy grandes los ojos. Sería posible ? 


Las gaviotas trajeron el palo. La tortuga hincó los dientes en la rama con toda su fuerza y cerró los ojos. 
Cuando los abrió, animada por el viento que bañaba su arrugada cara, no alcanzaba a creer lo que veía…. 
Allí, abajo, los campos sembrados, el río, los árboles, la tierra. 
Los demás animales la vieron pasar. 
Muchos sabían del sueño de la tortuga y aplaudieron emocionados. 


Algunos se sorprendieron. 
Unos pocos se animaron a gritarle: 
– Bravo ! 
– Qué suerte ! 
– Cuéntanos qué se ve…. 
Otros se deshicieron en alabanzas: 
– Qué inteligente ! 
– Mira cómo se las ingenió la tortuga para volar. 
– Es un genio…. 


La tortuga escuchaba los halagos y hacía señas de que nada era mérito suyo, salvo aferrarse a ese palo. Señalaba con sus cortas patas a sus amigas, dándoles el crédito por su sueño cumplido. 
Desde abajo, nadie entendía sus gestos. 
Creían que saludaba, que agradecía o que por humildad cedía los vítores y aplausos a las aves. 
Después de muchos intentos de explicación, la tortuga renunció a las señas y decidió que tenía que esperar a estar en tierra para contar lo que había sucedido. 
– Mientras tanto – pensó la tortuga, nada puedo hacer más que disfrutar de todos estos halagos, aunque sé que no me los merezco. 


Volando, volando, las gaviotas llevaron a su amiga por la zona donde vivían las otras tortugas. 
Éstas no parecían estar tan contentas. 
– Cómo se le ocurre ? – cuestionaban. 
– Las tortugas no vuelan…. 
– Qué soberbia ! 
– Quién se cree que es ? 
La tortuga intentó explicar por señas que también ella estaba sorprendida por lo que le pasaba, que ella no se creía nada, que el destino había puesto en su camino esta oportunidad y que sus amigas…. 


– Y encima cómo se aprovecha de esas pobres aves – dijeron los que veían sus señas y no las entendían (o no querían entenderlas). 
– Sí – agregaban otras – se vale de ellas como si estuvieran a su servicio. 
– Como si fueran sus esclavas. Maldita cretina ! 
La tortuga trató de sobreponerse a las críticas y los insultos que consideraba injustos. Señalaba a sus amigas y agitaba sus brazos como diciendo que de ellas eran las alas y de ellas la decisión de llevarla por el cielo. 
– Y encima se burla – dijeron las de abajo. 
– Qué caradura ! 
– Es una estafadora. Ella no está volando, las otras la llevan. 
Quizá mal acostumbrada por los halagos previos. Quizá demasiado furiosa con las acusaciones. Seguramente muy enojada con lo que sus congéneres decían de ella. 


Quiso aclarar que no era así, que estaban equivocadas.

Quiso contestar a los insultos.

Quiso gritarles…. 
Y cuando sintió que ya no podía aguantar más la injusta herida de las palabras de las otras tortugas, abrió la boca para decirles, para contestarles, para explicar, para defenderse…. 


Al hacerlo se soltó de la rama y cayó pesadamente a la tierra. 


Maltrecha y lastimada por el golpe de la caída, caminó el resto de su vida cargando su pesada caparazón, muy cerca del suelo. El viaje había terminado. 


Culpa de los insultos ? No. Quizá culpa de su vanidad…. 

Que tengan un buen viaje.

Sonrían

A’ngie R.B.

Día Mundial de la Danza

Desde que en 1982 la Unesco y su Comité Internacional de la Danza fundaran el Día Internacional de la Danza, este se celebra cada 29 de abril.

[Bailarinas Basculando, de Degas.]

Aquí os dejo el manifiesto de este año, a cargo de Anne T. de Keersmaeker (Mechelen, Bélgica, 1960), coreógrafa y directora de la compañía de danza Rosas. A mí me ha parecido precioso, corto, conciso y gran transmisor de lo que ella siente por la danza:

«Creo que la danza es la celebración de lo que nos hace humanos. Cuando bailamos, usamos de una forma muy natural los mecanismos de nuestro cuerpo y todos nuestros sentidos para expresar alegría, tristeza, aquello que nos toca el corazón. La gente baila para celebrar los momentos cruciales de sus vidas y nuestros cuerpos llevan el peso de la memoria de todas las experiencias humanas posibles.

Podemos bailar en solitario y podemos bailar en grupo. Podemos compartir lo que nos une, lo que nos diferencia a unos de otros. Para mí, bailar es una forma de pensar. A través de la danza podemos encarnar las ideas más abstractas e incluso revelar lo que no podemos ver, lo que no podemos nombrar.

La danza es un vínculo entre personas, un puente entre el cielo y la tierra. Llevamos el mundo en nuestros cuerpos. A fin de cuentas, pienso que cada instante de danza forma parte de una función más vasta, de una coreografía que no tiene principio ni fin».

Sean felices

Ángela R. B.